Un punto en este blog

sábado 4 de julio de 2009

Todo el mundo tiene un secreto. Pienso en todas aquellas veces en las que copiaba el enlace de una canción de youtube a este blog, sin poder mencionar los sentimientos que me provocaba por si aquella persona accedía al blog y se sintiera identificado; pienso en todas aquellas veces en las que escribía algo personal y siempre tenía que dar explicaciones sobre ello, y decir que me lo había inventado todo y que no era real, cuando realmente lo era; en las veces en las que escribía algo bonito sobre alguien y otra persona con la que había estado vinculada sentimentalmente siempre me preguntaba, y le tenía que decir que las palabras no eran sobre nadie en especial, cuando en realidad lo eran; en las veces en las que quise escribir algo y no pude. Y no creo que siga teniendo sentido seguir con todo esto.

Por lo general, no me importa lo que alguien, especialmente alguien que no me conoce, pueda pensar de mí, pero nunca nos podemos alejar demasiado de las opiniones ajenas. Nunca lo escribí para generar ningún tipo de debate ni mucho menos para terminar en una discusión patética, sino porque cuando a mí me pasa algo no me doy cabezazos contra la pared ni me corto la piel, sino que me desahogo escribiendo. Era eso, una opinión en un momento en el que estaba enfadada, dolida y desilusionada, y lo escribí por mí, sin imaginarme que más de dos personas lo leerían. Si yo leo algo con lo que no estoy de acuerdo, quizás lo diga o quizás lo lea y pase página, pero ni le doy vueltas al asunto ni accedo al blog haciéndome pasar por la policía nacional, ni tampoco firmaría anónimamente, como a mucha gente le encanta hacer.

Agradezco a la gente que me ha apoyado o al menos que me ha comprendido en ese tema y en los demás. Este blog lo he mantenido con mucha frecuencia desde el 2007. Mis primeras entradas versaban sobre un reencuentro imaginario con un ex novio del que me había separado por culpa de la distancia; las ganas que tenía de abandonar Honduras para siempre y de volver a España; lo que estaba sintiendo en los días en los que me estaba planteando hacerme vegetariana. Este blog es una parte de mí, me demuestra que no soy para nada quien fui por entonces, y hace dos días me planteé eliminarlo, pero no puedo.

No sé qué tipo de punto pondré en este blog, al menos será un punto y aparte porque ya no quiero seguir escribiendo aquí. Ni yo estoy preparada para mostrarme tal cual soy, ni la sociedad está preparada para aceptar ciertas cosas sin juzgar ni apuntar con el dedo. Yo llevo muy mal no poder explicar lo que tengo dentro de mi corazón, y quizás por eso no tengo ningún secreto; el que me arruinaría la vida, en caso de saberse, lo sabe una de las personas más importantes para mí. Quizás por eso leo tanto a Valérie Tasso; creo que es la única persona que sabe hacerlo. Quiero escribir sin pensar en la persona que habrá al otro lado de la pantalla. Hace algunos meses me resultaba imposible comprender a un amigo que mantenía en secreto la existencia de su blog, el cual ninguna de las personas de su entorno podían acceder a él (bueno, yo sí), pero ahora le comprendo perfectamente. En todo momento ha escrito lo que sentía y se ha mostrado tal y como es. Yo nunca he podido hacer eso aquí porque siempre, antes de tocar las teclas con mis dedos, he pensado en quién podría leer mis palabras. Ahora que he creado un blog de esos, secretos, tengo más ganas que nunca de escribir, y por eso no sé cuándo volverá mi motivación por seguir escribiendo estupideces aquí, pero al menos por ahora no.

Y contar hasta tres

jueves 2 de julio de 2009

¡Todo el mundo se saca el carnet de conducir! Chicos de veinte años, padres de familia, ancianos, circulan por las autovías madrileñas habiéndose olvidado de todo lo que les costó sacárselo, pero cuánto duele preparárselo mientras tanto.

Llevo un mes dedicándome a hacer tests cada tarde (estas dos últimas semanas con especial énfasis y dedicación) y la verdad es que me resulta desesperante. Treinta preguntas eternas, noventa respuestas eternas, sólo para darle a "corregir" y mirar a la parte superior de la página para encontrarte con mensajes constructivos tales como ¡Suspenso! 6 fallos, o ¡Suspenso! 8 fallos. Y claro, tras esas cifras escandalosas dices, no, esto no se va a quedar así, yo no me voy a dormir con este fracaso, me quedaré aquí despierta hasta aprobar una. Pero claro, con el agotamiento de haber leído anteriormente treinta preguntas y noventa respuestas, o noventa preguntas y 240 respuestas, cualquiera piensa con coherencia. Y así van incrementándose los fallos al mismo ritmo de las ganas de tirar el portátil por la mismísima ventana, mandarle al diablo un futuro carnet de conducir, negarme rotundamente a seguir con este intento de obtener un permiso de conducir...


Creo que esta tarde he dado con el problema. Resulta que no sé leer. Me desesperan los tests eternos, me cuesta tranquilizarme ante un test, leer todas las preguntas de principio a fin y pensar un poco sobre lo que se me está preguntando, me gusta más lo de leerlo todo deprisa y corriendo, marcar botones deprisa y corriendo y dar click al corregir. Esta noche decidí dedicarle un poco más de tiempo a cada test y terminé haciendo un montón, casi todos aprobados. Quiero presentarme al teórico el día 22 y así quitarme esto de encima antes de que comience agosto. No creo que sea normal haberme despertado hoy haciendo inconscientemente un ejercicio de velocidades, determinando la velocidad máxima de no sé qué vehículo. Esto ya se está volviendo cosa de locos.

Para enfrentarse a los problemas, no vale acelerarse, desesperarse, rendirse ni desaprovechar todo lo que uno ha conseguido hasta ahora. Todo el mundo se saca el carnet de conducir... las personas mayores que llevan más de un año rondando por la autoescuela sacando diez fallos por test, las personas que preguntan el significado de los términos cannabis y somnolencia... Si ellos pueden, ¿por qué te vas a desesperar tú?

Simplemente lo hago

miércoles 1 de julio de 2009

Somos las veces que nos lavamos los dientes, nuestros padres, las melodías que cantamos a la luna y los sueños con los que nos vamos a dormir cada noche. Las veces que pedimos ayuda, lo que suena cuando elegimos shuffle songs, las personas que recordamos después de años sin verles la cara, las veces que decimos un lo siento. Somos nuestros tacones, las palabras que expresamos, las quejas que emitimos, lo que sabemos y confesamos desconocer, la profesión que perseguimos, las veces que enviamos un currículum, los amigos con los que nos reímos en clase. Las veces que sollozamos a nuestra almohada, los detalles que tenemos con quienes más queremos, las veces que hemos luchado por convertir en realidad un sueño y las veces que lo conseguimos, la cara que ponemos al sonar el despertador y las sonrisas que le regalamos a la gente. Somos lo que comemos, el color de las medias que nos ponemos, los días u horas que tardamos en olvidar a alguien y los segundos que necesitamos para enamorarnos. El número de veces que palpita nuestro corazón, el deporte que no hacemos y los resultados de una prueba cualquiera que sea y las veces que volvemos a casa a las nueve de la mañana, las veces que nos arrodillamos a rezar por las noches o las discusiones que tenemos en nombre del ateísmo. A veces me siento ante el Tuenti y me pregunto por qué con esa persona tengo conversaciones tan superficiales, por qué con aquella apenas hablo y por qué sin la compañía diaria de la otra no podría vivir. Somos sólo eso, circunstancias en palabras, tú y tus circunstancias, colores, memorias, los secretos que conservamos y las pocas personas a las que permitimos que lo sepan todo. Y no me preguntes por qué pienso en ti; a veces simplemente lo hago.

Unicornio rosa invisible

Pudiendo hacer todo lo que estuviese en tus manos con sólo un click, me cuesta creer que te escondes por entre las nubes observando cómo el mundo se muere lentamente y no vienes a remediarlo. Algunos creen en el unicornio rosa invisible; otros, en seguir a Jehová; otros, en nadie y otros en las estrellas. No sé dónde estás. Te inventaron para que unos últimos suspiros estuvieran cargados de felicidad, quizás; para alejar el miedo de una mirada. A veces te hablo sin saber a quién hablo. No sé dónde estás.

Llegas tarde

¿Alguna vez esperaste toda tu vida a que ocurriese algo? Te levantabas pensando, ojalá hoy sea el día, esperabas una llamada, un correo electrónico, una conversación diferente, soñabas a las estrellas fugaces, tirabas monedas a las fuentes, hablabas a tus amigos de lo mucho que lo anhelabas, y cuando te ibas a dormir sucedía pero en sueños. Y nunca llegaba el día. ¿Alguna vez esperaste algo que nunca sucedía?


Tanta fue la espera, que el día en que llegaste, un mes después, yo ya no sabía muy bien cómo te llamabas.

Y el reloj ya me marcaba pasado.

Superheroínas

Te recuerdo como la niña alegre de cabellos dorados que paseaba conmigo de la mano por las calles de Madrid. Éramos pequeñas y no diferenciábamos el bien del mal, sólo conocíamos lo que nos dictaban ambos corazones; soñábamos con embarcar en el Titanic y con ser superheroínas propietarias de nuestra propia felicidad. Tú te burlabas de Britney Spears y yo de La Oreja de Van Gogh. Y sin embargo teníamos algo vital en común. Te recuerdo a veces y cuando menos me lo espero porque hace mucho que no te veo. No sé adónde te fuiste ni adónde nos dejaron nuestros sueños.

you belong with me

martes 30 de junio de 2009